Los antiguos patrones de apareamiento revelan un sesgo entre neandertales y humanos

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Hace decenas de miles de años, cuando el Homo sapiens se extendió por Eurasia, se encontró con los neandertales, sus primos evolutivos cercanos. Se produjo un mestizaje que dejó rastros de ADN neandertal en los humanos modernos de hoy. Una nueva investigación genética indica que esta mezcla no fue aleatoria: los hombres de Neandertal se aparearon desproporcionadamente con las mujeres Homo sapiens , dejando una firma genética distintiva.

El ADN neandertal perdido

El hallazgo clave reside en la distribución del ADN neandertal dentro del genoma humano. Si bien las poblaciones no africanas suelen tener entre un 1% y un 4% de ascendencia neandertal, ciertas regiones (particularmente el cromosoma X) muestran una marcada ausencia de este material genético. Durante años, los científicos asumieron que estos “desiertos neandertales” existían porque ciertos genes neandertales eran dañinos o incompatibles con la biología humana, y la selección natural los eliminó.

Sin embargo, un análisis reciente cuestiona esta noción. Los investigadores examinaron el ADN de tres individuos neandertales (Altai, Chagyrskaya, Vindija) y lo compararon con datos genéticos de poblaciones del África subsahariana sin ascendencia neandertal. Los resultados revelaron un desequilibrio sorprendente: Los cromosomas X neandertales contienen un exceso de ADN humano moderno (62% más que otros cromosomas), mientras que los genomas humanos carecen de ADN neandertal en el cromosoma X.

Por qué es importante la dirección de apareamiento

Este patrón sugiere un claro sesgo en el comportamiento de apareamiento. Dado que las mujeres portan dos cromosomas X y los hombres solo uno, la dirección del mestizaje afecta significativamente la herencia genética. Si los machos neandertales se aparearan preferentemente con hembras Homo sapiens, menos cromosomas X neandertales entrarían en el acervo genético humano, mientras que más cromosomas X humanos entrarían en las poblaciones neandertales.

“Las preferencias de apareamiento proporcionaron la explicación más simple”, dice el Dr. Alexander Platt, autor principal del estudio.

El efecto parece haber continuado a lo largo de generaciones, favoreciéndose a los machos con ascendencia neandertal sobre las hembras dentro de poblaciones predominantemente de Homo sapiens. Esto sugiere una preferencia sostenida –ya sea deliberada o circunstancial– por los machos híbridos neandertales-humanos.

Implicaciones más amplias

El estudio no aborda por qué ocurrió este sesgo. Los machos de Neandertal pueden haber sido más agresivos, más dispuestos a cruzarse o simplemente más disponibles para aparearse. La preferencia podría haber sido puramente oportunista, o quizás impulsada por algún factor social o biológico desconocido.

Los hallazgos ofrecen una comprensión más profunda de cómo interactuaron y evolucionaron las primeras poblaciones humanas. Esta investigación destaca que el mestizaje antiguo no fue un proceso neutral: estuvo moldeado por patrones de comportamiento que dejaron una huella duradera en nuestra historia genética.

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