Durante más de un milenio, una práctica conocida como vendar los pies (o chanzu en chino) moldeó la vida de las mujeres en la China dinástica. No era simplemente una costumbre; era una deformación deliberada y agonizante del cuerpo destinada a crear pies considerados hermosos según un estricto estándar cultural. La evidencia más antigua que se conserva de esta tradición, en forma de pequeños zapatos de seda y algodón llamados “zapatos de loto”, se remonta al siglo XIII, aunque la práctica persistió hasta el siglo XX.
El doloroso proceso de vendar los pies
El proceso comenzaba cuando las niñas tenían entre cuatro y ocho años. Tenían los pies bien envueltos con vendas, doblando todos los dedos excepto el dedo gordo debajo de la planta. Esto obligó a que el arco se rompiera, provocando un dolor insoportable a medida que los huesos se fracturaban y remodelaban con el tiempo. El objetivo era reducir el tamaño del pie a un tamaño anormalmente pequeño, a menudo de entre ocho y cinco pulgadas de largo.
Esta práctica no fue aleatoria. Sirvió para múltiples propósitos: un signo de riqueza (solo las familias que no necesitaban que sus hijas trabajaran en el campo podían permitírselo), un estándar retorcido de belleza y una forma de controlar la movilidad femenina. Una mujer con los pies vendados era físicamente dependiente, lo que restringía sus movimientos y reforzaba las expectativas sociales.
La realidad detrás del ritual
Las condiciones eran insalubres. Como describió una mujer a NPR, los vendajes apretados hacían imposible una higiene adecuada. Los pies se lavaban sólo cada dos semanas, lo que provocaba fuertes olores e infecciones. A pesar de la incomodidad, los zapatos de loto se convirtieron en un símbolo de estatus, a menudo elaborados con materiales finos como la seda y adornados con intrincados bordados. Los ejemplos que sobreviven incluyen botas de día, elaborados zapatos de boda e incluso calcetines para dormir especializados.
La decadencia y el legado persistente
A finales del siglo XIX, los llamamientos a favor de los derechos de las mujeres y el reconocimiento de la crueldad de esta práctica comenzaron a desmantelar el vendaje de los pies. Sin embargo, persistió en algunas regiones hasta 1949. Incluso hoy, algunas mujeres ancianas en China todavía llevan las cicatrices físicas de esta tradición. La última fábrica que producía zapatos Lotus cerró en 1999, aunque los talleres más pequeños continuaron durante un tiempo después.
Vendar los pies es un crudo recordatorio de cómo los ideales culturales pueden infligir un daño profundo y duradero. El zapato de loto no es un símbolo de belleza, sino de control físico sistemático y de aplicación brutal de los roles de género.




















