La NASA revisa el programa Artemis: priorizar la cadencia de lanzamiento sobre el alunizaje inmediato

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La NASA está remodelando fundamentalmente su programa Artemis, cambiando el enfoque de un alunizaje tripulado a corto plazo a un calendario de lanzamientos más frecuente. La agencia anunció el viernes que la misión Artemis III, previamente programada para llevar astronautas a la Luna, será reutilizada como un vuelo de prueba orbital para practicar procedimientos de encuentro y acoplamiento con los módulos de aterrizaje lunares de SpaceX o Blue Origin. Este ajuste es parte de un esfuerzo más amplio para abordar las ineficiencias y acelerar el ritmo de la exploración del espacio profundo.

El cambio de estrategia

La principal motivación detrás de esta revisión es la constatación de que la cadencia de lanzamiento actual de la NASA (con brechas significativas entre misiones) obstaculiza la eficiencia operativa y la retención de experiencia. El administrador Jared Isaacman enfatizó la necesidad de adoptar un enfoque más iterativo, de la era Apolo, con lanzamientos que se realicen aproximadamente cada diez meses, en lugar de una vez cada tres años. Este cambio reconoce que los lanzamientos poco frecuentes provocan una pérdida de “memoria muscular” entre los equipos técnicos, lo que aumenta el riesgo de problemas recurrentes.

La línea de tiempo revisada empuja el primer alunizaje tripulado a Artemis IV, ahora proyectado para principios de 2028, seguido de Artemis V a finales de ese año. Esta decisión no se trata de abandonar las ambiciones lunares sino de garantizar un camino sostenible y confiable hacia la exploración a largo plazo.

Abordar los desafíos técnicos

La decisión se produce tras recientes contratiempos técnicos con el cohete Space Launch System (SLS), incluidas fugas de hidrógeno durante Artemis I y problemas de flujo de helio descubiertos durante los preparativos de Artemis II. Estos problemas subrayan la importancia de realizar pruebas frecuentes y mejoras iterativas. La prueba orbital Artemis III permitirá a los ingenieros validar sistemas críticos, incluida la compatibilidad del módulo de aterrizaje, el soporte vital e incluso pruebas preliminares de trajes espaciales, en un entorno controlado antes de comprometerse con un descenso lunar de alto riesgo.

“No deberíamos sentirnos cómodos con la cadencia actual. Deberíamos volver a lo básico y hacer lo que sabemos que funciona”, afirmó Isaacman, trazando un claro paralelo con el rápido calendario de lanzamientos de los programas Mercury, Gemini y los primeros programas Apollo.

Reconstrucción de la experiencia interna

Un componente clave de esta renovación es un esfuerzo deliberado para restablecer las capacidades técnicas internas de la NASA. La agencia planea reducir la dependencia de los contratistas (que actualmente representan el 75% de su fuerza laboral técnica) y aportar más experiencia internamente. Esta medida tiene como objetivo agilizar los preparativos del lanzamiento, mejorar la supervisión y reducir el riesgo de que se repitan errores.

El contexto geopolítico

La urgencia detrás de estos cambios también está impulsada por la competencia geopolítica. Dado que China pretende llevar sus propios astronautas a la Luna antes de 2030, la NASA enfrenta una presión cada vez mayor para mantener su liderazgo en la exploración espacial. Estados Unidos no ha enviado humanos a la superficie lunar desde el Apolo 17 en 1972, y esta brecha corre el riesgo de ser ampliada por naciones rivales.

Artemisa II y más allá

El trabajo continúa en Artemis II, con una posible ventana de lanzamiento en abril. Los ingenieros están trabajando para resolver el problema del flujo de helio descubierto durante los ensayos generales húmedos, lo que requiere un regreso temporal del cohete apilado al edificio de ensamblaje de vehículos para su reparación. La NASA está racionalizando la campaña Artemis estandarizando la configuración SLS en lugar de buscar una evolución constante del diseño, acelerando aún más el proceso de lanzamiento.

La agencia también sigue comprometida con el puesto lunar Gateway, pero su prioridad ahora se centra firmemente en aumentar la frecuencia de lanzamiento antes de invertir fuertemente en infraestructura adicional. Esta estrategia revisada marca un cambio pragmático, reconociendo que el progreso constante –y no los logros únicos y llamativos– es la clave para el éxito a largo plazo en la exploración del espacio profundo.

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