El mundo está en una nueva carrera espacial, pero a diferencia de la contienda de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ésta está impulsada por empresas privadas e intereses comerciales. La caída de los costos de lanzamiento y los cohetes reutilizables han democratizado el acceso al espacio, convirtiendo la órbita terrestre baja (LEO) en un mercado competitivo donde la innovación ocurre a una velocidad sin precedentes. Este cambio es crucial porque la vida moderna depende cada vez más de la infraestructura espacial para aspectos esenciales como el monitoreo del clima, las comunicaciones globales, la navegación y el acceso a Internet.
La Luna como nuevo campo de batalla
A la vanguardia de esta carrera está la creciente competencia geopolítica entre Estados Unidos y China por el dominio lunar. China ha presentado un ambicioso plan para llevar astronautas a la luna antes de 2030, dirigido específicamente al polo sur, rico en recursos. No se trata sólo de prestigio; el polo sur lunar contiene hielo de agua y otros recursos críticos para la exploración lunar a largo plazo y su posible asentamiento. La misión Artemis 3 de la NASA también apunta al polo sur lunar para 2028, aunque la carrera está reñida.
El programa espacial más amplio de China incluye ampliar su estación espacial Tiangong y acelerar la exploración de Marte. Los funcionarios incluso han sugerido que podrían devolver muestras de Marte a la Tierra ya en 2031, superando potencialmente a Estados Unidos, que también está trabajando para recuperar muestras recolectadas por el rover Perseverance. Algunos expertos creen que China ya tiene una ventaja debido a su ejecución consistente, mientras que los esfuerzos occidentales han sido menos racionalizados.
La ventaja comercial
A pesar del progreso de China, Estados Unidos mantiene ventajas clave. Las sólidas asociaciones con Europa y un sólido sector espacial comercial, en particular SpaceX, le otorgan una ventaja competitiva. Los líderes de la industria señalan el reciente liderazgo de la NASA como otro factor crítico y elogian al administrador Jared Isaacman por acelerar potencialmente el progreso de Estados Unidos. La capacidad de poner hardware en órbita de manera confiable y asequible cambia las reglas del juego, creando efectivamente “un ascensor” al espacio.
La próxima frontera: la informática espacial
El próximo gran salto en la tecnología espacial no será llegar al espacio, sino lo que sucede en el espacio. Las empresas están desarrollando la capacidad de procesar datos directamente en órbita utilizando computación a bordo e inteligencia artificial, en lugar de transmitir datos sin procesar a la Tierra. Este enfoque es más seguro, más rápido y menos vulnerable a las interferencias. Al analizar la información en el espacio y transmitir solo los resultados, las empresas pueden sortear las vulnerabilidades tradicionales y acelerar la toma de decisiones.
El sector espacial comercial está evolucionando rápidamente hacia una infraestructura crítica, no solo una industria. El resultado de la competencia entre Estados Unidos y China sigue siendo incierto, pero la carrera definirá cómo se accede, utiliza y gobierna el espacio en las próximas décadas.





















