Los pulpos machos priorizan un brazo por encima de todos los demás: su tercer brazo derecho, conocido como hectocótilo. Este apéndice es crucial para la reproducción y los animales lo defienden activamente, lo que sugiere un instinto sorprendentemente fuerte para proteger su capacidad reproductiva. Un estudio reciente de la Universidad de Nagasaki, Japón, confirma este comportamiento: los pulpos machos resistirán agresivamente incluso el toque suave en este brazo específico, a diferencia de otras extremidades.
El Hectocotylus especializado
El hectocotylus es anatómicamente distinto de los otros siete brazos del pulpo. No se utiliza para movimientos generales ni para alimentación; en cambio, funciona como un sistema de entrega de esperma. Los pulpos machos poseen un solo testículo donde se producen los espermatozoides y se empaquetan en espermatóforos. Durante el apareamiento, el hectocótilo se inserta en el manto de la hembra y entrega estos paquetes a través de un pene diminuto que no puede llegar a la hembra de forma independiente.
La anatomía única requiere que el macho enrolle el hectocótilo en una estructura similar a un tubo y luego expulse agua con fuerza a través de él para impulsar el espermatóforo hacia el interior de la hembra. Este proceso resalta el papel irremplazable del brazo.
Evidencia empírica de protección
Los investigadores recolectaron 32 pulpos pigmeos japoneses machos y 41 hembras para estudiar este comportamiento. Los hallazgos fueron sorprendentes: sólo un pulpo macho había perdido su hectocótilo, mientras que 13 hembras lo habían hecho. Otros experimentos confirmaron las tendencias protectoras de los machos. Cuando se les presentaba un objeto desconocido (una plomada de plomo), las hembras lo exploraban más fácilmente con su hectocótilo, mientras que los machos exploraban cautelosamente con sus otros siete brazos antes de arriesgar su apéndice especializado.
Compensación evolutiva
La razón de esta protección extrema es probablemente una compensación evolutiva. Como señala Keijiro Haruki, autor principal del estudio, especializar un solo brazo para la reproducción y luego defenderlo es más eficiente que desarrollar un pene más grande y más vulnerable. La pérdida del hectocótilo pone fin efectivamente a la vida reproductiva de un pulpo macho hasta que vuelve a crecer, un proceso que puede llevar meses.
El estudio refuerza la idea de que la selección sexual puede impulsar comportamientos muy específicos e incluso obsesivos en los animales. Los pulpos demuestran claramente que proteger las herramientas reproductivas es una estrategia de supervivencia fundamental.
Este comportamiento subraya cuán fuertemente los pulpos priorizan la reproducción y hasta dónde llegarán para garantizar que su capacidad de aparearse permanezca intacta. El hecho de que los machos casi nunca pierdan este brazo crítico sugiere que protegerlo no es sólo una posibilidad, sino un imperativo instintivo.



















