Un tercio de los casos de demencia están relacionados con afecciones fuera del cerebro

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Una revisión innovadora de más de 200 estudios revela que aproximadamente un tercio de todos los casos de demencia en todo el mundo (casi 19 millones de personas) pueden estar relacionados con enfermedades que se originan fuera del sistema nervioso central. Este hallazgo desafía las opiniones neurológicas tradicionales sobre la demencia y resalta la interacción crítica entre la salud periférica y el deterioro cognitivo.

El panorama emergente de las raíces de la demencia

Durante décadas, la demencia se ha estudiado principalmente como una enfermedad centrada en el cerebro. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran cada vez más que las afecciones que afectan a otros órganos pueden aumentar significativamente el riesgo de demencia. La nueva revisión sistemática, realizada por científicos de la Universidad Sun Yat-sen en China, identifica 16 enfermedades periféricas fuertemente correlacionadas con el deterioro cognitivo.

Los cinco principales culpables son:

  • Enfermedad de las encías (periodontitis)
  • Enfermedades hepáticas crónicas
  • Pérdida de audición
  • Pérdida de visión
  • Diabetes tipo 2

Otras afecciones relacionadas incluyen la osteoartritis, la enfermedad renal, la enfermedad cardiovascular, la EPOC y trastornos inflamatorios como la esclerosis múltiple. Si bien la revisión no prueba una causalidad directa, las fuertes correlaciones sugieren que prevenir o controlar estas enfermedades periféricas podría reducir la incidencia de la demencia.

Por qué esto es importante: más allá de la visión “centrada en el cerebro”

La conexión entre la salud periférica y la demencia no es una coincidencia. El cerebro, aunque a menudo se considera aislado, está profundamente interconectado con el resto del cuerpo a través del eje cerebro-intestino, el eje cerebro-hueso, el eje cerebro-inmune y más. Estas vías permiten que la inflamación sistémica, la disfunción metabólica y otros procesos afecten directamente a la salud del cerebro.

“En general, estos conocimientos ilustran la carga multidimensional de la demencia relacionada con una amplia gama de enfermedades periféricas a nivel poblacional”, escriben los autores de la revisión, “destacando el papel potencial de la función de los órganos periféricos en la salud del cerebro y la posibilidad de abordar esas enfermedades periféricas influyentes para mitigar la creciente carga de la demencia”.

Esta comprensión es crucial porque muchos ensayos clínicos de medicamentos para la demencia han fracasado al centrarse únicamente en intervenciones basadas en el cerebro. La suposición de que el deterioro cognitivo comienza y termina en el cerebro puede haber llevado a los investigadores a pasar por alto objetivos clave.

El cambio de perspectiva: de neurológica a sistémica

Las teorías emergentes ahora posicionan la demencia no sólo como un trastorno neurológico sino sistémico, potencialmente arraigado en una disfunción inmunológica o metabólica. Por ejemplo, algunos científicos, como Donald Weaver de la Universidad de Toronto, sugieren que el Alzheimer puede ser un trastorno inmunológico en esencia, que afecta a todo el cuerpo. Otros señalan que la producción defectuosa de energía dentro de las células es la causa fundamental de los problemas cognitivos generalizados.

La revisión también encontró que afecciones como la hipertensión, la obesidad, el colesterol alto, la depresión y las enfermedades de la tiroides tenían un vínculo más débil o nulo con el riesgo de demencia. Esto sugiere que la conexión es específica de ciertas afecciones sistémicas y no de una mala salud general.

En última instancia, el creciente conjunto de pruebas subraya que el cerebro no es una isla. Para combatir eficazmente la demencia, los investigadores deben ampliar su alcance y abordar la salud periférica junto con los factores neurológicos. Este cambio de perspectiva tiene el potencial de desbloquear estrategias de prevención y tratamientos más eficaces.

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