El pequeño vecino de Plutón puede tener una atmósfera que desafía las suposiciones sobre el espacio profundo

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Un mundo pequeño y helado que se esconde en los confines de nuestro sistema solar puede estar envuelto en una delgada atmósfera, un hallazgo que, si se confirma, sería la primera vez que se detecta una envoltura de este tipo en un objeto de su tamaño.

El descubrimiento sugiere que los cuerpos pequeños más allá de Neptuno no son las reliquias estáticas y congeladas que los científicos alguna vez supusieron. En cambio, pueden albergar entornos dinámicos y cambiantes.

Ko Arimatsu, astrónomo observacional del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, y sus colegas publicaron sus hallazgos el 4 de mayo en Nature Astronomy. Hasta ahora, Plutón seguía siendo el único objeto transneptuniano con atmósfera confirmada. Esta nueva observación amplía la diversidad conocida de cuerpos atmosféricos en el Cinturón de Kuiper y más allá.

Cómo los telescopios captaron una señal débil

El equipo se centró en 2002 XV93, un pequeño cuerpo del sistema solar situado más lejos del Sol que Plutón. El 10 de enero de 2024, el objeto pasó directamente frente a una estrella distante, un fenómeno conocido como ocultación.

Utilizando una red de telescopios en tres lugares de Japón, los astrónomos monitorearon el evento con precisión. Si 2002 XV93 fuera una roca desnuda o una bola de hielo, la luz de la estrella se habría desvanecido y reaparecido instantáneamente, como si se accionara un interruptor.

Sin embargo, los datos cuentan una historia diferente. La luz de la estrella se desvaneció y se recuperó gradualmente durante aproximadamente 1,5 segundos. Esta suave atenuación indica que la luz de las estrellas pasó a través de un medio que refractaba la luz antes de llegar a la Tierra.

“Esta suave atenuación se explica mejor porque la luz de las estrellas pasa a través de una atmósfera tenue y es refractada por ella”, explica Arimatsu.

La atmósfera inferida es increíblemente débil, con una presión aproximadamente una diezmillonésima parte de la de la Tierra. Sin embargo, su presencia es significativa dadas las limitaciones físicas del objeto.

Por qué este descubrimiento desafía las expectativas

2002 XV93 tiene aproximadamente 470 kilómetros de ancho, aproximadamente la longitud del Gran Cañón. De este tamaño, la gravedad de un objeto suele ser demasiado débil para retener gases durante largos períodos.

“Me sorprendió sinceramente”, admite Arimatsu.

Los modelos teóricos sugieren que cualquier atmósfera en un cuerpo tan pequeño debería disiparse en el espacio dentro de miles de años, a menos que se reponga constantemente. Esto plantea preguntas críticas sobre la actividad y la historia del objeto. La presencia de una atmósfera implica uno de dos escenarios principales:

  1. Un impacto reciente: Una colisión con un cometa u otro cuerpo helado puede haber levantado recientemente polvo y gas, creando una atmósfera temporal que los astrónomos observaron en el momento perfecto.
  2. Actividad geológica en curso: El objeto puede poseer “volcanes helados” (criovolcanes) que liberan gas regularmente desde su interior, sustentando la atmósfera durante períodos más prolongados.

Preguntas sin respuesta y observaciones futuras

Si bien los datos de ocultación apoyan firmemente la existencia de una atmósfera, no proporcionan una imagen completa. Una sola observación no puede descartar por completo explicaciones alternativas, como una nube de polvo en lugar de gas. Además, los datos actuales no revelan la composición química de la atmósfera ni su extensión vertical sobre la superficie.

Las observaciones futuras serán cruciales para distinguir entre el impacto y las hipótesis volcánicas.

  • Si la atmósfera se desvanece en los próximos años, probablemente sea el resultado de un evento de impacto transitorio.
  • Si persiste o varía con las estaciones del objeto, apunta hacia procesos geológicos internos como el criovulcanismo.

Conclusión

La atmósfera potencial de 2002 XV93 desafía la visión arraigada de que los pequeños mundos helados en las profundidades del sistema solar son inertes. Ya sea impulsado por colisiones recientes o por calor interno, este hallazgo resalta que incluso los objetos más pequeños y distantes de nuestro vecindario pueden albergar entornos complejos y en evolución.

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