Harlow Shapley: Cómo un astrónomo movió el Sol al margen

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Harlow Shapley no se limitó a mirar las estrellas. Trazó un mapa de la oscuridad entre ellos. Nacido en Nashville, Missouri, en 1885, este astrónomo estadounidense acabaría reescribiendo nuestra comprensión de dónde nos encontramos en el cosmos. Su trabajo no se limitó a modificar los números. Alejó todo el centro de la Vía Láctea de la Tierra.

Antes de Shapley, a la humanidad le gustaba considerarse central. Éramos el centro. El sol estaba sentado en medio de la galaxia. La lógica parecía sólida si sólo se miraba el cielo nocturno desde nuestro punto de vista específico. Shapley demostró que eso estaba mal. Dedujo que el Sol se encuentra cerca del plano central de la Vía Láctea, pero no está cerca del centro. Se encuentra a unos 30.000 años luz de distancia. Eso está muy lejos del partido.

Este no fue un solo momento de comprensión. Fue una rutina de cálculo. Comenzó en 1911. Shapley trabajó en estrecha colaboración con Henry Norris Russell para descifrar el código de las dimensiones estelares. Se centraron en los sistemas binarios. Son pares de estrellas que orbitan alrededor de un centro de masa común. Cuando se eclipsan uno al otro, su luz se atenúa. Esa atenuación es mensurable. Son datos.

Shapley utilizó estas medidas para encontrar el tamaño físico de las estrellas. Convirtió curvas de luz en realidades físicas. Este método se convirtió en el procedimiento estándar durante más de 30 años. Era el estándar de oro para medir el tamaño de las estrellas. Si querías saber qué tan grande era una estrella, mirabas sus eclipses. Shapley había construido la regla.

Pero hubo un inconveniente. Algunas estrellas se comportaron de manera diferente. Pulsaron. Se las conocía como variables cefeidas. Otros astrónomos pensaban que se trataba simplemente de pares binarios que se eclipsaban entre sí. Shapley vio el defecto. Demostró que las variables cefeidas no pueden ser pares de estrellas que se eclipsan entre sí. Las matemáticas no aguantaron. La variación de la luz era demasiado compleja. Demasiado rítmico.

Entonces miró más profundamente. Fue el primero en proponer que son estrellas pulsantes. Ellos respiran. Se expanden y contraen. Esta distinción importaba. Aclaró la confusión en el campo. Esto permitió a los astrónomos utilizar más adelante estas estrellas como “velas estándar”, herramientas para medir grandes distancias en el espacio. Al identificar correctamente su naturaleza, Shapley no se limitó a categorizar un tipo de estrella. Permitió medir el tamaño real de la galaxia.

Murió en Boulder, Colorado, el 20 de octubre de 1972. El sol permaneció donde estaba, vagando por los suburbios de la galaxia. No nos movimos. Pero nuestro mapa cambió. Aprendimos que no somos el centro de nada. Sólo una pequeña parte de un sistema indiferente mucho más grande.

Redefiniendo nuestro lugar en el cosmos

En 1914, Harlow Shapley se había instalado en el personal del Observatorio Mount Wilson en Pasadena, California. El premio que estaba sobre la mesa era el telescopio reflector de 1,5 metros. Era la herramienta más grande del cielo y Shapley la utilizó para mapear los cúmulos globulares de la Vía Láctea. Estas no eran unas estrellas cualquiera. Eran paquetes densos y esféricos de hasta un millón de soles cada uno.

En aquel momento, los astrónomos conocían unos 100 cúmulos de este tipo. Shapley notó algo extraño. Un tercio de ellos se encontraban dentro de la constelación de Sagitario. Esto no fue aleatorio. Usó un nuevo truco para medir la distancia. El truco involucró estrellas variables RR Lyrae. Estas estrellas pulsan con un ritmo. Su período de variación está directamente relacionado con su brillo. Si conocías el pulso, conocías la verdadera luz. Si conocías la luz verdadera y el brillo aparente, conocías la distancia.

Los datos pintaron un cuadro. Los grupos formaron una esfera. El centro de esa esfera apuntaba hacia Sagitario. Parecía lógico que los cúmulos orbitaran el centro galáctico. Entonces Shapley hizo los cálculos. Colocó el Sol a unos 50.000 años luz del núcleo galáctico. (Un trabajo posterior corrigió esto a 30.000). Esto fue un shock. Antes de Shapley, todo el mundo pensaba que el Sol se encontraba cerca del centro de la Vía Láctea. Acababa de hacer estallar esa suposición. Sus cálculos proporcionaron la primera estimación realista del verdadero tamaño de la galaxia. Esto cambió la astronomía galáctica para siempre.

El gran debate de 1920

Mientras Shapley expandía la Vía Láctea, otro problema molestaba a los astrónomos. ¿Cuáles eran las nebulosas espirales? Objetos como la Nebulosa de Andrómeda parecían tenues manchas. Algunos pensaron que eran pequeñas nubes dentro de nuestra propia galaxia. Otros pensaban que eran galaxias enteras.

Esta tensión explotó el 26 de abril de 1920. La Academia Nacional de Ciencias se reunió en Washington, D.C. Dos hombres subieron al podio. De un lado estaba Shapley. Del otro lado estaba el astrónomo estadounidense Heber Curtis. Su enfrentamiento se conoció como el Gran Debate. No había un ganador claro, pero destacó lo que estaba en juego.

Curtis rechazó la enorme Vía Láctea de Shapley. Si la galaxia fuera tan grande, argumentó, las nebulosas no podrían estar dentro de ella. Creía que las nebulosas espirales eran “universos insulares” independientes. Shapley defendió la enorme escala de la Vía Láctea. Pero argumentó que las nebulosas espirales eran sólo nubes de gas, similares a cúmulos globulares, esparcidas dentro de nuestra galaxia.

La historia reivindicó a Curtis en lo que respecta a las nebulosas. De hecho, eran otras galaxias. Pero Shapley tenía razón sobre el tamaño del nuestro. El universo era mucho más grande de lo que nadie había imaginado. Fue una victoria complicada para ambos hombres.

Zonas heredadas y habitables

Shapley no se detuvo en la Vía Láctea. Observó las galaxias cercanas, centrándose principalmente en las Nubes de Magallanes. Se dio cuenta de que las galaxias no flotaban solas. Se agruparon. Llamó a estos cúmulos “metagalaxias”. Este término para los cúmulos galácticos ayudó a enmarcar cómo vemos la estructura a gran escala.

En 1953, Shapley propuso una teoría que todavía influye en nuestra búsqueda de vida. Lo llamó el “cinturón de agua líquida”. La idea era simple pero profunda. Un planeta necesita estar a una distancia específica de su estrella. Si se acerca demasiado, el agua hierve. Demasiado lejos y se congela. Sólo en ese cinturón un planeta puede albergar una atmósfera y mantener el agua líquida. Ahora la conocemos como zona habitable. Sigue siendo un concepto fundamental en astrobiología.

Su carrera pasó de Mount Wilson a la Universidad de Harvard. Allí se convirtió en profesor. En 1921 asumió el cargo de director del Observatorio de la Universidad de Harvard. Ocupó ese cargo hasta 1952. Después de dimitir, conservó los títulos de director emérito y Profesor Paine de Astronomía.

Dejó una importante bibliografía. Los Cúmulos de Estrellas llegaron en 1930. Siguieron los Vuelos del Caos. Galaxies salió en 1943. Los trabajos posteriores incluyeron The Inner Metagalaxy (1957) y Of Stars and Men (1958). Esta última se convirtió en película en 1962. También fue el padre de Lloyd Shapley, ganador del Premio Nobel de Economía.

El hombre que empujó el sol hasta el borde de la galaxia también ayudó a definir dónde podría existir vida en otros lugares. El universo se hizo más grande, pero la búsqueda de significado en su interior se volvió más precisa. Todavía estamos analizando esos grupos.

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