Es hora otra vez. Los neoyorquinos saben lo que significa.
Finales de mayo. Mediados de julio. El sol decide alinearse con la cuadrícula, cayendo perfectamente sobre los cañones de ladrillo y vidrio. Los lugareños lo llaman Manhattanhenge. Inundan las calles para ver cómo sucede.
Algunas reuniones son simplemente… densas. Tan espesos que bloquean el tráfico por completo.
“Hay una sensación de urgencia”, dice Jackie Faherty. Ella es astrónoma del AMNH. Ha seguido estas fechas durante veinte años. La gente quiere esto. No quiero perderme ni un segundo. Los que están en la oscuridad sienten curiosidad. Salta directamente.
Claro. El tráfico se atasca. Los agentes de policía se enojan. Los conductores tocan la bocina hasta que se les acalambran los dedos. Pero Faherty ve algo más.
“Es una de las pocas veces que, como neoyorquino, entablas una conversación con alguien con bastante facilidad”.
Unificador, de verdad. Un raro momento en el que la ciudad deja de competir el tiempo suficiente para ver un espectáculo de luces. Hablas con extraños. Simplemente sucede.
Las fechas
Aquí es cuando necesitas estar afuera. Buscar.
- Jueves 28 de mayo: Primera toma de la velada.
- Viernes 29 de mayo: El bis.
¿Vale la pena sudar? Probablemente. La luz incide perfectamente en esos breves momentos. Entonces desapareció. Seguimos adelante. Pero miramos hacia arriba. Por si acaso.





















